| CONSULTAS Y PREGUNTAS
¿A QUIÉN LE TOCA? ¿PADRE O MAESTRO?
M.Sc. Heilyn Vargas Sáurez, Psicopedagoga – Psicóloga
- Mami, te estoy hablando…, decía una niña de unos siete u ocho años a la salida de clases de una escuela. Desconozco el contexto de la situación, pero de lo que sí puedo comentar con propiedad es acerca de la transformación que ha sufrido la sociedad actual y en particular la relación de los padres con sus hijos. Hoy en día son muchas nuestras ocupaciones y nuestras actividades diarias nos llenan de tensión, pero sobre todo nos restan el tiempo que la familia necesita.
Generalmente se asume que trabajamos para vivir más cómodamente, para brindar a los nuestros todos aquellos bienes materiales de los que tal vez no gozamos en igual medida cuando estábamos al cuidado de nuestros padres. Principalmente en aquellos hogares de familias que reciben altos ingresos los hijos pueden acceder a una educación llena de ventajas y comodidades para los padres.
Algunas de las instituciones educativas utilizan lemas que nos indican que “ellos se encargarán de todo” y lo preocupante es que muchas de las personas se ven fuertemente atraídas justamente por esa conceptualización del proceso. “Organizamos un menú avalado por nuestro chef, las tareas y tiempos de estudio se llevan a cabo dentro de la institución supervisados por un tutor, tenemos un equipo de profesionales en psicología y orientación a cargo de que sus hijos se sientan bien todo el tiempo”; aunque tal vez estas expresiones se perciban exageradas, esa es la idea que algunos padres de familia están introyectando.
La expresión de la niña que inicia este artículo, refleja en pocas palabras la necesidad que los niños y adolescentes tienen de que sean sus propios progenitores quienes les otorguen un lugar, quienes les ayuden y quienes los hagan sentirse importantes.
Aunque el docente es una figura muy importante para el pequeño, su madre o su padre son vitales y en este sentido resulta necesario escudriñar acerca de los roles del primero y del segundo. ¿Hasta dónde llega uno y dónde comienza el otro? Se trata única y exclusivamente de respetar los límites de cada uno sin dejar de lado el trabajo en equipo que requiere el proceso para ser eficaz. Por un lado, los docentes deben encargarse de brindar un ambiente de aprendizaje lo más gratificante posible para sus estudiantes. Debe tomar en cuenta los diferentes estilos de aprendizaje de cada uno y respetar sus tiempos y ritmos específicos.
Los padres, por su parte, deben suplir las necesidades no sólo económicas sino emocionales de sus hijos; tomando el tiempo para escucharlos y para aconsejarlos cuando así lo necesiten. Si a las personas en la actualidad nos es tan difícil expresar nuestros sentimientos es porque aprendimos a “guardarnos” las cosas; nunca se nos enseñó que estaba bien sentirse triste o enojado; más bien estos estados de ánimo eran condenados; en la mujer era peor visto el enojo y en el hombre la tristeza. Tal parece que de mostrar esas emociones perdían ante la sociedad parte de su masculinidad o de su feminidad, por lo que preferían reprimirlas y negarse a sí mismos que eran seres humanos. A los padres les concierne el fragmento emocional más importante en el desarrollo de sus hijos. Sería ilógico pensar en un maestro que se vaya a vivir con uno de sus estudiantes para solucionar los problemas que vive en su hogar y para asegurarse de que no le falte una alimentación balanceada y una habitación confortable.
Así mismo, no tendría sentido que los padres tuvieran que informarle al maestro cómo disciplinar a su hijo en el aula; de ambas partes se pueden dar recomendaciones y consensos, pero siempre bajo los parámetros del respeto y la solidaridad, teniendo claro cuáles son los roles de cada uno, de forma que lejos de competir entre sí, puedan retroalimentarse y convertirse en un complemento.
Es necesario que se comprenda que la escuela no es una competencia entre padres y profesores en la que ambos se esfuerzan por descubrir quién es el mejor; es más bien un trabajo colaborativo que se espera genere beneficios para todas las partes.
En términos simplificados se podría decir que el papel del maestro es vital en el aula y el papel del padre o madre, vital en el hogar. Cada uno sabe qué es lo mejor dentro de su contexto y lo conoce como nadie. Nadie podría desempeñar mejor su labor. ¿Hasta dónde llega uno y dónde comienza el otro? Hasta donde el trabajo colaborativo y no dependiente lo permita.
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