DEPRESIÓN INFANTIL
M.P.Sc. Valerie Valverde Sáurez
Psicóloga Clínica Infantil
Cod 1219

            “Ya no sé qué hacer con Pablito, anda tan berrinchudo, por todo llora y con nada se le queda bien, no sé cómo manejarlo.”, ésta es una expresión típica de muchos padres y madres de familia que comienzan a observar cambios en el comportamiento de sus hijos y a “notar” que el estado de ánimo de éstos se está viendo afectado. Pero, ¿cómo saber si todos estos cambios en su comportamiento se deben a un berrinche pasajero, a un mal manejo del enojo o de puesta de límites, o si es que el niño está deprimido? A continuación se hablará al respecto.
           
Depresión infantil.
La depresión en los niños se manifiesta un poco diferente a la forma en que se suele presentar en los adultos, ya que por lo general el adulto dice sentirse triste o  andar con la “depre”, le cuenta a alguna persona cercana el motivo de su tristeza y se “desahoga”.

            Los niños en cambio no saben que están deprimidos, ni siquiera saben muchas veces y dependiendo de su edad que se sienten tristes, sólo saben que se sienten “mal”. Por lo general, no le cuentan a nadie lo que les sucede y al no poder expresar y verbalizar sus sentimientos comienzan a manifestar a través de su conducta su tristeza e incomodidad por medio de diferentes síntomas.

Sin embargo, antes de enlistar y explicar dichos síntomas, es importante tener una clara definición de lo que implica la depresión en los niños. La depresión infantil se caracteriza por ser un estado de ánimo generalizado de infelicidad, donde el niño comienza a mostrar cambios en su comportamiento habitual que van a interferir en otras áreas de su vida como lo son la socialización, el rendimiento académico, las relaciones familiares y principalmente su auto concepto.

Todos estos cambios se presentan en el niño durante dos semanas como mínimo e incluso puede llegar a presentarse hasta por un año o más en menor intensidad lo cual se conoce como Distimia, y es muchas veces pasada por alto por parte de los adultos quienes piensan que es que el niño es así: enojón, aburrido, etc, ya que los síntomas no son tan intensos como para darse cuenta de que se trata de una depresión crónica.

Entre los principales síntomas que caracterizan una depresión en niños se encuentran:

  • Pérdida de interés por las actividades que anteriormente le agradaban mucho: El niño comienza a mostrarse indiferente ante las actividades por las que anteriormente se desvivía: ya no quiere ir al football, no quiere ir a natación, no le interesa visitar al primo con el que jugaba todos los fines de semana, se muestra apático  y aburrido ante tales actividades.
  • Dificultades para concentrarse: Es una de las principales observaciones realizadas por la maestra del niño, ya que éste pareciera estar siempre “en la luna”, pensando en otra cosa, sin mostrar ningún interés en lo que se está explicando. En este punto, es importante aclarar que esta desconcentración se comienza a dar desde un tiempo atrás; no es una condición permanente del niño como sucede con los chicos que presentan Déficit Atencional cuyo nivel de inatención se presenta desde que nacen. En el caso de que un niño con Déficit Atencional se encuentre deprimido, su nivel de inatención se volverá aún mayor.
  • Baja autoestima: El niño comienza a tener pensamientos negativos de sí mismo y así lo expresa: “Yo soy tonto y feo”, “Mis papá serían más felices si yo no hubiera nacido”, “A mí nadie me quiere porque me porto muy mal”, “Soy un niño malo”.
  • Aislamiento: Tienden a mantenerse alejados de sus amigos, familiares y compañeros con los que habitualmente compartían mucho tiempo. Se les observa que quieren pasar más tiempo solos, encerrados en su habitación o viendo televisión.
  • Irritabilidad:  Se muestran llorones, agresivos, “insoportables”, no se les queda bien con nada; los adultos tienden a observar el comportamiento negativista, hostil y “malcriado” del niño. Si el niño además tiende a tener problemas con el manejo del enojo, su carácter se vuelve aún más explosivo.
  • Disminución de su rendimiento académico: Debido precisamente a su inatención y desinterés por la escuela, sus calificaciones tienden a verse afectadas. Adicional a esto les costará más mantener un horario de estudio y aprovechamiento efectivo del mismo.
  • Presentan quejas somáticas: Comienzan a quejarse con frecuencia de que les duele la cabeza, el estómago, incluso pueden presentar problemas de la piel.
  • Muestran cambios de actitud respecto a la escuela: Pueden expresar desagrado o temor por ir a la escuela, al punto de presentar inclusive una Fobia Escolar en la que además se combinan elementos de ansiedad importantes. El niño comienza a llorar incluso la noche antes porque no quiere ir a la escuela, puede vomitarse, aferrarse a sus padres o al portón para no entrar. La diferencia aquí radica en que el niño muestra este temor e incomodidad irracional en función de su tristeza y su bajo estado de ánimo, no porque le haya ocurrido necesariamente algo negativo en la escuela o porque sea solamente el estado de ansiedad como tal.
  • Se muestran cansados constantemente: Hay una evidente pérdida de energía y se les nota como si solo quisieran pasar acostados o viendo televisión.
  • Alteraciones en los hábitos de alimentación: En los niños más que una pérdida significativa de peso, lo cual también puede suceder, lo que se presenta es que el niño come tan poco o tan mal que no aumenta de peso.  Esto por supuesto es igualmente importante ya que se espera un aumento adecuado de peso conforme al desarrollo del pequeño.
  • Alteración en los patrones de eliminación: Puede haber un retroceso en los hábitos de eliminación por lo que el niño vuelve a orinarse y lo hace con frecuencia o comienza a ensuciar de “caquita” la ropa interior. 
  • Problemas de sueño: Los más frecuentes son las pesadillas y los terrores nocturnos. Las primeras son un sueño feo que despierta al niño muy asustado. Los segundos son sueños horribles que no despiertan al niño pero que lo asustan gravemente. El niño puede comenzar a llorar y/o gritar dormido por causa del terror noctuno pero no se despierta. Al día siguiente o si lograr despertarse no recuerda lo que estaba soñando. Otras alteraciones del sueño que podrían presentarse pero que no están necesariamente asociadas a la depresión son el sonambulismo, el hablar dormidos (los niños deprimidos podrían pelear o hablar de lo que les preocupa mientras sueñan), rechinar los dientes, o pasarse constantemente al cuarto de los padres, no querer dormir sólo, luego de que ya lo hacían , entre otros.
  • Ansiedad de separación: A pesar de ser un trastorno de ansiedad, muchas veces los niños deprimidos manifiestan síntomas de ansiedad como sucede con la Fobia Escolar. En el caso de la ansiedad por separación, los niños no sólo no quieren separarse de sus padres u otras personas importantes, sino que además se vuelven muy temerosos y dejan de hacer cosas que antes hacían por causa del miedo, también presentan pensamientos irracionales trágicos acerca de lo que les podría suceder a sus padres o a ellos mientras están separados. Esto suele ser muy común cuando el niño está deprimido por causa de un divorcio o separación entre sus padres o cuando ha ocurrido una pérdida por causa de una muerte.

¿Qué puedo hacer si mi hijo se encuentra deprimido?

            Si usted observa en su hijo algunos o todos de los comportamientos anteriormente mencionados es importante que el niño sea valorado por un especialista que determine la gravedad de la alteración del estado de ánimo del niño. Lamentablemente, en la época actual existe un alto índice de suicidios en niños y adolescentes. Otros chicos no llegan a ejecutar tal acto de autoeliminación pero sí piensan en la posibilidad de hacerlo y cuanta mayor sea la planeación que desarrollen más alta es la posibilidad de que lo lleven a cabo.

Es realmente triste saber que un niño a tan corta edad piense en no querer continuar con su vida. En estos casos y en otros donde no hay necesariamente ideas de autoeliminación pero sí una gravedad en los síntomas se hace necesario medicar al niño, no como la única opción sino como un estabilizador que le permita al niño llevar una terapia que modifique sus pensamientos, sus conductas y por ende su estado de ánimo.

Por otro lado, hay otros chicos que pueden presentar síntomas depresivos sin necesariamente tener un Trastorno Depresivo como tal. En estos casos los padres de familia pueden estar atentos a cuál sea el motivo por el que el niño se encuentre triste y buscar una opción para ayudarlo a sentirse mejor.

Es importante recordar que los niños pueden ser muy sensibles y deprimirse por diversas situaciones como lo son la pérdida de una mascota, la partida de un amigo, problemas de relación con los compañeros o la maestra, o situaciones familiares como lo son pleitos, separaciones o un proceso de divorcio entre otros.

La clave en la labor de los padres acá consiste en que estén atentos a los cambios en el comportamiento de los niños, hablen con ellos y los escuchen. Si el niño no es muy conversador se puede hacer uso de diferentes técnicas como jugar Tarjetas de Sentimientos o el Dado de las Emociones en el que cada miembro de la familia cuenta a los demás, según el sentimiento asignado, algo que le haya ocurrido en los últimos días que lo haya hecho sentir de la manera en que el sentimiento dice.

También se puede jugar con ellos con muñecos o títeres donde el muñeco le cuente que se siente triste por algo y le haga preguntas al niño, igualmente se pueden usar diversos libros de cuentos que permitan una identificación del niño con el personaje principal del cuento.

Otra técnica sería hacer uso de dibujos, por ejemplo, hacer un album de la tristeza: si la tristeza fuera un animal cómo sería, si fuera una persona qué me gustaría decirle, dibujar las cosas que me ponen triste y las que me hacen feliz, en fin usar la creatividad para obtener la información necesaria.

Es muy importante que los padres enseñen a los niños a través de su propio ejemplo cómo expresar las emociones; cuando los padres se sienten tristes por alguna razón no ocultar estos sentimientos a los niños sino ser sinceros y decirles: “Hoy no tengo ganas de jugar porque me siento triste porque tuve un problema en el trabajo, quiero descansar y escuchar música mientras pienso en una solución”, o “Estoy llorando porque me hace mucha falta tu abuelita pero sé que pronto voy a estar bien, llorar lo ayuda a uno a sentirse mejor.”

No se trata de contarles con lujo de detalles los problemas de los adultos a los niños ni de tomarlos a ellos como “paño de lágrimas”, sino de demostrarles a los niños que los adultos también tenemos sentimientos como ellos, situaciones como ellos y que la mejor forma de sentirnos mejor es hablar de lo que sentimos.

Por supuesto, tampoco se trata de que como adulto voy a estar llorando todo el tiempo o voy a estar enojado siempre, pero situaciones difíciles siempre van a existir y los niños van a aprender a solucionar sus propias situaciones según hayan aprendido del ejemplo que les den sus adultos significativos.

También es importante, según sea la situación aumentar el nivel de actividades del niño de forma progresiva, no saturarlo de actividades pero proporcionarle alternativas de actividades diferentes que le permitan distraerse, desarrollar nuevas habilidades e inclusive hacer nuevos amigos.

Por último, es muy necesario ayudar al niño a darse cuenta de los pensamientos negativos que presenta con el objetivo de que descubra la parte falsa de dicho pensamiento y pueda sustituirla por ideas verdaderas mucho más optimistas. Estemos atentos a cualquier cambio que los niños presenten y sobre todo propiciemos ese espacio para lograr la libre expresión de las emociones.

 

 

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