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PELEAS EN FRENTE DE LOS NIÑOS
¿Qué sucede cuando hay una discusión acalorada?
M.P.S.c. Valerie Valverde Sáurez
Psicóloga Clínica Infantil
Alguna vez le ha sucedido que al estar usted conversando con su pareja comienzan a inquietarse los ánimos y a discutir y de repente surge detrás de usted la voz de su pequeño que le pregunta: ¿Mami, por qué estás gritando?; o incluso un grito penetrante que estalla en un llanto desconsolado: “NO PELEEN!”
Muchas veces los adultos, tratamos de disimular los problemas que como pareja podrían presentarse en la relación conyugal diaria, esperamos hasta que los niños estén durmiendo, o salimos de la casa para hablar de “ciertos” temas o distraemos a los niños con una película para que “no nos escuchen”, sin embargo, los niños tienden a ser muy sensibles y son capaces de percibir cuando existe un ambiente tenso, hay miradas que no son precisamente de amabilidad y tienden a preocuparse por ello mostrando mayor interés en las conversaciones que papá y mamá mantengan.
Es por esto que a continuación, se ofrecen una serie de sugerencias para manejar con los niños esas “discusiones acaloradas” que definitivamente van a repercutir en su salud emocional.
- Escuche más de lo que habla
Cuando dos personas inician una discusión, usualmente cada una de las partes se esfuerza por convencer al otro de ser él quien tiene la razón, a la vez que la otra parte se esfuerza por debatir el argumento contrario, de manera que ninguno de los dos se está escuchando y cada quien considera que tiene la verdad y por tanto la razón.
Una manera de encontrar un punto en común del cual ambos puedan partir para buscar una solución al problema es escuchar de forma empática, es decir, escuchando y tratando de entender la situación desde el punto de vista del otro.
Esto implica no querer buscar mi propio punto de vista sino escuchar cómo se sintió el otro al respecto y encontrar algo con qué estar de acuerdo en la forma en que el otro percibió el problema.
Posteriormente es el turno de hablar de quien había escuchado sin interrupciones anteriormente.
Todas las personas tenemos puntos de vista distintos de las cosas a partir de la experiencia propia, las situaciones de vida enfrentadas y los valores que se tengan, por tanto es importante tratar de entender el punto de vista del otro desde su perspectiva no sólo desde la mía para poder llegar a un punto intermedio en el que ambos estén de acuerdo en “algo” y a la vez ambos reconozcan que deben ceder en algo.
2. Busque el lugar y momento oportuno
En reiteradas ocasiones las discusiones surgen en el momento y el lugar menos oportuno. Lo que todos esperaban fuera un paseo estupendo termina siendo un viaje tenso en el que nadie tiene la disposición ni la motivación para disfrutar.
Por tanto, es importante que usted como adulto sepa escoger el momento y el lugar indicado para hablar de un tema que usted sabe que por la delicadeza del mismo, podría terminar en una discusión.
En relación con el lugar, escoja un lugar preferiblemente público, como un restaurante o una cafetería ya que usted tenderá más a controlar su temperamento ya que no desea ser el centro de atención de todo un espectáculo público.
Si lo prefiere hacer en un lugar privado, cuide de que el momento también sea el propicio: cuando ya ambos estén menos ofuscados, cuando no estén apresurados, cansados o con una motivación diferente a la de solucionar el problema: querer irse a dormir ya, o estar viendo un partido de televisión.
¿Qué sucede cuando uno de los dos nunca tiene la motivación para hablar del problema? Igualmente hable al respecto, hágale saber al otro cómo se siente usted y esfuércese por comprender como se siente el otro. Si a su pareja le es difícil expresar sus emociones ayúdelo, téngale paciencia, aprenda a interpretar ciertos comportamientos (sin embargo, cada quien está en la obligación de expresar lo que siente y nadie está obligado a adivinar lo que al otro le pasa si éste no lo dice) o busquen ayuda profesional.
3. Aprenda a identificar las señales que su cuerpo emite cuando se está comenzando a enojar
Usted sabe cuando está comenzando a “salirse de sus casillas” debido a las señales que su cuerpo le emite: siente un calor que le sube por dentro hasta sentir que la cara se le va a estallar, su corazón late más rápido, sus puños se cierran... reconozca cuáles son sus señales, retírese, respire, relájese y póngase a hacer algo que lo distraiga o lo tranquilice hasta que pueda nuevamente continuar con la conversación de manera adecuada.
No espere a estallar. Hable con su pareja dígale lo molesta(o) que se siente y que prefiere tranquilizarse un poco para poder continuar.
4. Si su hijo se dio cuenta del problema, no lo disimule pero tampoco lo engrandezca, háblen con el niño de lo sucedido
Si de repente, usted observa que su hijo los está escuchando, sea sincero con el niño, explíquele que papito y mamita están discutiendo acerca de una situación y que se sienten un poco molestos por ello pero que están buscando la manera de solucionarlo y ponerse de acuerdo. Pídanle que los deje continuar hablando sólos y retírenlo de manera adecuada si es necesario, ya que es probable que el niño no se quiera ir.
Una vez solucionado el problema, acérquense ambos al niño y explíquenle que ya hablaron lo suficiente, encontraron una solución y ahora el problema está solucionado.
Si el niño los escuchó ofenderse o hablarse en un tono de voz más fuerte de lo normal es importante que le aclaren al niño que ya ambos se disculparon y se perdonaron por ello ( y es fundamental que así haya sido)
Si el problema no se solucionó (lo cual no es sano para nadie), no le mientan al niño, háganle saber que aún papá y mamá se sienten un poco enojados o molestos y por tanto, prefieren continuar la conversación cuando se sientan más tranquilos.
5. Si usted no se ha dado cuenta de que su hijo los haya escuchado pero usted cree que el niño sospecha, igualmente hable de lo sucedido
Si el niño comienza a hacerle preguntas en relación a discusiones entre usted y su pareja o hace comentarios que a usted le hacen sospechar que el niño sabe algo al respecto, pregúntele por qué pregunta eso, qué es lo que le preocupa, qué sabe el niño, cómo lo supo y cómo se siente por ello y luego responda todas sus preguntas con la verdad según su edad (aún si el niño es muy pequeño) y con palabras acordes con su nivel de comprensión.
Explíquele que es normal que las parejas a veces tengan sus puntos de vista diferentes pero que ambos están buscando la manera de ponerse de acuerdo. No entre en detalles específicos acerca de la situación pero sí exprésele a su hijo la verdad hasta donde sea manejable para el niño.
6. Ayude al niño a manejar sus propios sentimientos en relación con la situación
Es muy común que si el niño encuentra a mamá llorando ésta diga que es que se majó un dedo o que se le metió una basura en el ojo. Como se explicó anteriormente exprésele la verdad al niño dígale que está llorando por que se siente triste y que no es malo sentirse triste, así como no es malo sentirse enojado siempre y cuando yo exprese mi enojo o mi tristeza de una manera adecuada.
El expresar sus sentimientos le enseña al niño a no temerles y a también expresarlos de una manera adecuada. Ahora bien, esto no significa que usted siempre va a estar enojada o llorando. Hay momentos para cada emoción y si éstos sentimientos persisten porque el problema no se soluciona es mejor que busquen ayuda.
7. Busque la solución del problema
No vale la pena terminar un día enojados. Dice el dicho que “si uno no quiere dos no pelean.” No se vayan a dormir enojados, hablen de lo que sienten, comprendan el punto de vista contrario y CEDAN, busquen una solución. Por más calladitos que traten de discutir o más disimulados que traten de aparentar, sus hijos se dan cuenta de lo que sucede entre ustedes y son los que se ven más afectados posteriormente.
En la medida en que como adultos podamos poner en práctica estos principios acerca de la resolución de problemas, mayores habilidades y herramientas tendremos para enseñarles a los niños a pelear de una manera justa, emocionalmente inteligente y descartando cualquier indicio de agresividad. Además se les estará enseñando con el ejemplo y no sólo con las palabras.
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