| CONSULTAS Y PREGUNTAS
LAS NECESIDADES EDUCATIVAS ESPECIALES
EN UNA ESCUELA INCLUSIVA
M.Sc. Heilyn Vargas Sáurez
Psicopedagoga – Psicóloga
Las necesidades educativas especiales se refieren a todas aquellas características, fortalezas y debilidades, que como seres humanos nos hacen únicos e irrepetibles. No existe en el mundo una sola persona que sólo cuente con fortalezas ni tampoco una que presente únicamente debilidades. No obstante en nuestro sistema educativo se evidencian algunas de esas habilidades, por cuanto las demás no son sencillamente observables. Los chicos que no son buenos para Español o para Matemática podrían sentirse desplazados, como una especie de criatura extraña que no ha logrado adaptarse a las demandas de una sociedad que cada día exige más y más y que va a un ritmo sumamente acelerado que no todos son capaces de alcanzar.
Riso (1996: p.31) expresa que “la cultura nos ha enseñado a llevar un garrote invisible, pero doloroso, con el que nos golpeamos cada vez que equivocamos el rumbo o no alcanzamos las metas personales. Hemos aprendido a echarnos la culpa por casi todo lo que hacemos mal y a dudar de nuestra responsabilidad cuando lo hacemos bien”. Lo más preocupante de esto es que es la sociedad quien nos ha impuesto esos valores que debemos alcanzar; no los hemos elegido nosotros mismos, pero los hemos asumido. A las personas con necesidades educativas especiales constantemente se les deja ver sus “fallas” y se les reclama el no hacer, aprender o cumplir las cosas como supuestamente deberían. No obstante deberíamos preguntarnos si lo considerado socialmente normal será lo correcto, lo más sano o lo más perfecto. ¿Será que quienes son buenos para ciertas áreas nunca tienen problemas en la vida? Al parecer, la respuesta es muy clara; en primer lugar todos tenemos necesidades educativas especiales para ciertas áreas y en segundo lugar el que cumplamos con las expectativas de la sociedad no nos garantiza un desarrollo superior al de todas las demás especies del mundo.
Lejos de continuar “desechando” a las personas que no calzan en los estándares esperados, la sociedad debe abrir puertas; debemos descartar la mentalidad rígida y cambiarla por el abanico de opciones que se abre ante nuestros ojos; es hora de que el ser diferente se comience a percibir como algo positivo.
Es importante generar la diversidad y contingencia en el proceso; mediante lo cual se evidencia la necesidad de valorar la individualidad de las personas y de buscar estrategias que les beneficien a ellas propiamente; mediante el trabajo en conjunto del psicopedagogo, el padre o madre de familia y el maestro.
Ni los progenitores ni los docentes asumen día a día una labor sencilla; por el contrario, ninguno de ellos tiene un instructivo que le indique cómo realizar la tarea de todos los días; sin embargo es posible implementar cambios en pro del beneficio de las relaciones afectivas, dado que probablemente es lo que muchos niños y niñas más necesitan para satisfacer sus necesidades de forma integral, con el fin de poder sentirse felices dentro de su contexto; es percibir una familia y un educador que sean capaces de expresar hacia él o ella sentimientos positivos; de los que emane amor.
A pesar de que las personas podemos tener habilidades muy diferentes y ciertas áreas débiles, nunca es tarde para reforzar esas áreas y a la vez impulsar aquellas que alcancen un desarrollo esperable. Tenemos que cambiar la mentalidad de que lo que igual a nosotros es lo normal y que lo que se salga de esos parámetros, no lo es; pero sobre todo debemos reconceptualizar la inteligencia; dejando de verlo exclusivamente como coeficiente intelectual e implementándolo en función del nuevo paradigma, tomando en cuenta la posibilidad de relacionarse socialmente, de resolver conflictos y de aprender las habilidades prácticas necesarias para la vida.
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